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La cama de Aurelia, Arnaldo Calveyra
3 Puntos, 30 de septiembre de 1999

ELOGIO DE LA PEREZA

Oblomov, de Ivan Goncharov, publicada en en Rusia en 1859, cuenta la historia de un hombre que vive en Petroburgo despreocupado, indolente y perezoso, hasta el punto de parecer la encarnación misma de la pereza, y que, sacudido superficialmente por Stolz, un amigo de origen alemán, que es en cambio la personificación de la energía y la actividad, parece por un momento encontrar su salvación en el amor de Olga, que lo ama e imagina a Oblomov regenerado gracias a su amor, y que después de la momentánea ilusión de una transformación se abandona nuevamente a la pereza, toma por esposa a la patrona de casa y muere sin haber realizado nada en su vida, mientras que Olga se casa con Stolz.

De alguna forma Oblomov se conecta con esta novela de Calveyra, porque al igual que aquella viene a revelar la perfección con su autor alcanzó no sólo en la creación de un héroe determinado, sino también en la pintura del ambiente en que éste se mueve, analizado y descripto con la precisión del realista, la simpatía del que sigue dándole un justo sentido a la palabra "romántico" y la musicalidad del poeta. Sin duda La cama de Aurelia es una de las más interesantes novelas sobre la vida social y moral en la Argentina del interior, pero considerándola simplemente eso, lo que se consigue es reducir su importancia: es algo demasiado vivo, dotado de demasiada vida propia, demasiado perfecta, pulcra, incontaminada, al punto que el lector se siente tentado a leerla con barbijo. Probablemente Calveyra ve reflejada en Aurelia toda la poesía de sus recuerdos infantiles (Calveyra vive, desde 1961, en París). La novela se presenta como la realización de una idea muy distinta a la simple contraposición de la actividad de todo un pueblo y la decisión indeclinable de Aurelia de permanecer en la cama. Entonces los detalles realistas, como por ejemplo el retrato de Leonor Pérez y toda la pintura del ambiente, adquieren su verdadero significado, que no está íntimamente ligado a la influencia de una determinada realidad sobre la fantasía del escritor.

Borges hablaba de una especie de conección vital, inevitable, de la gran poesía con la oralidad. Decía que toda poesía recuerda en sí misma la época en que, en boca de los trovadores, era verbalizada, recitada en voz alta, y que por lo tanto sólo la gran poesía tiene una tendencia natural a ser "cantada", expresada en voz alta. Lejos de la feliz coincidencia de que Arnaldo Calveyra haya escrito una tesis sobre los trovadores provenzales, La cama de Aurelia tiende naturalmente a ser "cantada": requiere un verdadero esfuerzo dejar que los ojos recorran las péginas y mantener la voz y la lengua inmóviles.

Aurelia no está enferma, no ha sido afectada por ninguna desgracia justificadora. Las conjeturas van y vienen, y mientras tanto ella escribe epitafios, pequeños poemas en prosa que recuerdan a los de la Antología de Spoon River de Edgar Lee Masters. Calveyra es el señor del lenguaje. De este dominio de la lengua se deriva la perfección del estilo que responde a los tipos y las situaciones, a los ambientes y a los medios, al que a partir de ahora podemos llamar directamente aurelianismo, término generalizador extendido a toda una serie de fenómenos de los que el autor no ha tenido la más mínima intención de ocuparse. Quizás en este libro está la clave para explicar muchos fenómenos de la vida argentina, porque en Aurelia percibimos algo que la simple creación de un gran escritor: es el producto, el síntoma de toda una época.